Mi alma se agita, Señor
Cuando llega la hora de la verdad, y siento que no tengo tantas fuerzas para defender tú Reino. Porque me cuesta renunciar a mi “YO” y decirte que soy todo tuyo, Señor. Mi alma se agita, Señor. Porque, lejos de ser trigo que muere, pretendo ser flor que nunca se marchita, que no quiere perder ninguno de sus pétalos, que lejos de renunciar a su hermosura, la quiere salvar a toda costa. Mi alma está agitada, Señor. Porque para dar fruto, me dices que, primero, hay que desaparecer. Porque para darte gloria, me recuerdas que he de sucumbir. Porque para, ser de los tuyos, he de alejarme de muchos de los míos. Mi alma está agitada, Señor. ¿Qué te diré? ¿A quién clamaré? ¿A dónde iré? ¿Merece la pena, Señor? Como Tú, Señor, también yo digo: Líbrame de aquellas horas que me producen pena y llanto. Evítame las cruces excesivamente pesadas. Condúceme por los caminos no inhumanamente estrechos. Pero, ...