Te quedas, Señor
En el pan, para calmar nuestra hambre espiritual. Y, cuando te vemos partir y repartir así la hogaza, vemos que nos amas hasta el extremo que tu Cuerpo, se desangra y se derrama en sangre, para que, nosotros tus amigos, tengamos asegurado alimento en nuestro caminar. Te quedas, Señor. Y, al quedarte entre nosotros, lo haces como el que siempre sirve y se da. Como el que, arrodillándose o inclinándose, nos indica que el camino de la humildad, es el secreto para llegarnos hasta Dios y para mitigar penas y sufrimientos. ...