1. El paso de la oración. Con él nos acercamos a Dios. Sin él, nos aislamos y vivimos sin comunicación con el Padre. Sin la oración, la desorientación acosa nuestra vida espiritual. En lo secreto, siempre Dios, recompensa cuando se está con Él. 2. El paso de la caridad. Con ella nos convertimos en la mano de un Cristo que da, que ofrece. Sin ella, nuestra fe, se puede transformar en una gran mentira. En este paso, la caridad, se condensa toda la vida de Jesús. 3. El paso del ayuno. Con él adelgazamos todo aquello que nos impide entrar en contacto con Dios. Moldeamos, con este paso, nuestro cuerpo espiritual. El ayuno, por si lo hemos olvidado, nos ayuda a tomar conciencia de nosotros y de nuestra propia voluntad. 4. El paso del silencio. En un entorno colapsado por miles de ruidos, el silencio, es algo necesario: útil para escuchar a los demás, urgente para oxigenarnos e imprescindible para intui...
Si alguien necesita libertad, y puedo ayudar: conviérteme en un pequeño libertador. Si me creo mejor que nadie y pienso que mi vida es perfecta: impregna mi corazón de humildad. Si pienso que, tu llamada, es para otros: convierte, mis oídos sordos, en escucha atenta a tus Palabras. Si caigo en el error de pensar que el pecado es cosa de viejos: dame una conciencia clara para diferenciar lo bueno de lo malo. Si me canso de caminar y me detengo en la búsqueda de tu rostro: convierte mi cansancio en fuerzas redobladas de inquietud apostólica. Si, en el camino hacia la Pascua, no me alimento de tu Eucaristía: convierte mi debilidad en aprecio por tu Cuerpo y tu Sangre. Si este tiempo de gracia no tiene relevancia en mi vida: haz, Señor, que lo convierta en un momento de reflexión. Si me creo libre de todo, cuando en realidad vivo esclavo de mucho: convierte mis sensaciones en gusto por conocer la libertad de estar junto a Ti...
Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!» Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?» Palabra del Señor. ¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? El Evangelio de hoy es un reflejo de nuestra propia vida. ¿Cuántas veces hemos sufrido problemas que nos han turbado y quitado la paz mientras parecía que Dios estaba dormido? No pocas veces hemos gritado a Dios porque creíamos hundirnos. Pero miremos la reacción de Jesús:...
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