Orando con la Palabra / Viernes 17 de Enero de 2026
Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Cuando Jesús volvió a Cafarnaún, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras Él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla este así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa?’.
Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”. El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”
Palabra del Señor.
‘Tus pecados te son perdonados"
La fe que rompe techos
El paralítico no llegó solo; lo trajeron cuatro amigos. Al ver que la multitud les impedía el paso, no se rindieron: abrieron un agujero en el techo.
La reflexión: A veces, nuestra propia fe no es suficiente para acercarnos a Dios porque estamos "paralizados" por el miedo o el desánimo. En esos momentos, necesitamos de una comunidad (amigos, familia, Iglesia) que nos cargue. ¿A quién necesitas ayudar a cargar hoy? ¿O quiénes son esos "amigos" que te acercan a Jesús cuando tú no puedes caminar?
Sanar lo invisible primero
Jesús sorprende a todos. En lugar de curar las piernas del hombre de inmediato, le dice: "Hijo, tus pecados te son perdonados".
La lección: Jesús sabe que la parálisis más grave no es la del cuerpo, sino la del alma. El rencor, la culpa y la falta de paz interior nos inmovilizan más que cualquier enfermedad física. Él va directo a la raíz para darnos una libertad completa.
"Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"
Para demostrar su autoridad divina, Jesús realiza el milagro físico. El hombre no solo se cura, sino que ahora debe cargar aquello que antes lo cargaba a él (la camilla).
El llamado: Cuando Jesús nos sana, nos da la fuerza para enfrentar nuestra realidad. La "camilla" representa nuestra historia, nuestras debilidades superadas. Ya no somos esclavos de nuestro pasado; ahora caminamos con él como testimonio de lo que Dios hizo en nosotros.

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