Orando con la Palabra / sábado 7 de febrero

 



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     6, 30-34


    Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
    Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
    Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Palabra del Señor.

“Vengan ustedes solos a un lugar desierto”.

Los apóstoles regresan de la misión y se reúnen con Jesús para contarle todo lo que habían hecho. Él los escucha y, viendo su cansancio, los invita a descansar: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto y descansen un poco”. Jesús reconoce el esfuerzo de sus discípulos y cuida de ellos, recordándonos que la misión necesita también silencio y reposo.

Sin embargo, la multitud los espera y Jesús, lejos de molestarse, se conmueve profundamente al ver que estaban como ovejas sin pastor. Su compasión lo mueve a dejar de lado el descanso para volver a enseñar y acompañar. En Jesús, el descanso y la entrega no se oponen: ambos nacen del amor.

Este Evangelio nos invita a encontrar equilibrio entre la misión y el descanso, entre la acción y la contemplación. Jesús nos enseña a cuidar el corazón para poder seguir sirviendo, y a dejarnos mover siempre por la compasión frente a las necesidades de los demás.

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