1º de mayo San José obrero

 




 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 54, 58

 
Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia.»
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.
 
Palabra del Señor.



Jesús no deja de amar a su pueblo, pero el Evangelio dice que “no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de ellos”. No es que Dios deje de actuar, sino que la falta de fe cierra la puerta a su gracia. La fe es la llave que nos permite reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano, incluso en aquello que parece simple o conocido.

Hoy somos invitados a revisar nuestro corazón:
¿Me dejo sorprender por Dios o creo que ya lo sé todo?
¿Reconozco a Jesús en lo sencillo de cada día?
¿Mi fe está viva o se ha vuelto rutina?

Pidamos al Señor la gracia de una fe sencilla y abierta, capaz de descubrirlo en lo cotidiano, y de confiar en Él más allá de nuestras ideas o prejuicios.

Oración breve:
Señor Jesús,
ayúdame a no cerrarme a tu presencia por la costumbre o la falta de fe.
Dame un corazón humilde, capaz de reconocerte y confiar en vos cada día.
Amén.

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