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Los cinco minutos del Espíritu Santo

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  “ Ven Espíritu Santo, y enséñame a seguir tus impulsos de amor. Enséñame a intentar cada día reaccionar mejor. Tú conoces mi debilidad, y sabes cuánto me cuesta cambiar mi forma de vivir.  Sabes cómo me arrastra muchas veces el egoísmo, el orgullo, la comodidad o la tristeza. Pero enséñame a intentar otra manera de encarar la vida. Porque sé que bastan esos pequeños intentos para ir cambiando poco a poco mi existencia. Ven Espíritu Santo, toca mi inteligencia, mi imaginación, mis capacidades, mis gestos, mi sensibilidad. Tócalo todo con tu gracia, para que me decida a cooperar contigo y así aprenda a vivir mejor. No quiero conformarme con pedirte una nueva vida. Sé que tengo que entregar algo de mí para alcanzarlo. Ayúdame Señor. Ven Espíritu Santo. Amén .” 📚  Autor:  Mons. Víctor Manuel Fernández.  ® Editorial Claretiana.

Lecturas de hoy

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  PRIMERA LECTURA Comienzo de la profecía de Daniel 1, 1-6.8-20 El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén y la asedió. El Señor entregó en su poder a Joaquín, rey de Judá, y todo el ajuar que quedaba en el Templo. Nabucodonosor se los llevó a Senaar, al templo de su dios, y el ajuar del templo lo metió en el depósito del templo de su dios. El rey ordenó a Aspenaz, jefe de sus eunucos, seleccionar algunos hijos de Israel de sangre real y de la nobleza, jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes, y aptos para servir en el palacio real; y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas. Cada día el rey les pasaba una ración de comida y de vino de la mesa real. Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales entrarían al servicio del rey. Entre ellos había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Daniel hizo el propósito de no contaminarse con los manj...

María, para Dios toda la gloria

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  Meditación:  Cuando Jesús comenzó su predicación la gente lo aclamó Profeta, Varón de Dios y aún lo quisieron hacer rey. María se conservaba oculta, en su soledad Ella no atraía sobre sí la fama ni la gloria como Madre de tal Hijo. Así debemos ser nosotros, sólo dispuestos a procurarle Gloria a Dios, porque todo lo bueno, aunque provenga a través nuestro, viene de Dios. Por ello no son nuestras victorias, sino sólo victorias del Señor. Demos Gloria a Dios con nuestros trabajos y obras, permanezcamos ignorados frente a los hombres. Recordemos “…vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1,2-3). Estemos presentes como María en el Calvario, donde no hay palmas ni laureles, sino injurias y vilipendios para compartirlos con Jesús. Oración:  ¡Oh María Madre de la modestia!. Haz que nuestra alma no permanezca ciega por nuestras vanidades y miserias, que rinda sólo alabanza al Buen Dios que todo lo alcanza y que seamos a Su  semejanza. Amén.

Los cinco minutos del Espíritu Santo

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  El Espíritu Santo es un buen consejero. Por eso podemos decirle con el Salmo: “ Bendigo al Señor que me aconseja; aun de noche me instruye en mi intimidad ” (Salmo 16,7). El Evangelio elogia al justo Simeón porque él “ se guiaba por el Espíritu Santo ” (Lucas 2,25). Si estamos atentos, el Espíritu Santo nos hace escuchar su consejo en lo profundo del corazón, y nos orienta por el camino correcto: “ Recibe el consejo de tu corazón, pues ¿quién te será más fiel que él?... Y después de todo, suplica al señor que dirija tus pasos en la verdad ” (Sirácides 37,13.15). Cada vez que tenemos que tomar alguna decisión, y estamos confundidos, lo mejor es detenerse a pedirle al Espíritu Santo que nos aclare las ideas, que nos ayude a ver mejor, que nos muestre de alguna manera qué es lo que en realidad nos conviene. Es cierto que debemos informarnos, consultar, reflexionar; pero lo primero debería ser invocarlo a él, creyendo de verdad que es el mejor consejero. Cuando lo invocamos de verdad...

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (DOMINGO 34°)

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        Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17       Así habla el Señor: ¡Aquí estoy Yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de Él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar –oráculo del Señor–. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y sanaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos »   Palabra de Dios .                                SALMO RESPON...