TERCERA SEMANA DE PASCUA MARTES

 



 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     6, 30-35


La gente preguntó a Jesús:
    «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: "Les dio de comer el pan bajado del cielo".»
    Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»
    Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
    Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.»

Palabra de Dios.


"Yo soy el pan de Vida"

Esta es una de las afirmaciones más potentes de Jesús. Él no dice "Yo traigo el pan" o "Yo multiplico el pan", sino "Yo soy el Pan".

Al decir esto, Jesús cambia el enfoque de lo que Él puede hacer por nosotros a lo que Él es para nosotros. El hambre y la sed de las que habla no son del estómago, sino del alma: el hambre de sentido, de justicia, de amor y de eternidad.


Aplicación para la vida diaria

  • Identificar nuestras hambres: ¿De qué tenemos hambre hoy? A veces intentamos saciar nuestra sed de infinito con cosas finitas (dinero, reconocimiento, distracciones). Jesús nos invita a ir a la Fuente.

  • La Eucaristía como encuentro: Este texto es el preámbulo al discurso del Pan de Vida. Nos recuerda que en la Comunión no recibimos un símbolo, sino a la Persona que sostiene nuestra existencia.

  • Confianza total: El que viene a Él "no tendrá hambre". Esto no significa que no sufriremos dificultades, sino que nada podrá vaciarnos el alma si estamos unidos a Él.

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