Evangelio de hoy / Miércoles 20 de mayo de 2026
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 1b. 11b-19
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
«Padre santo, cuídalos en tu Nombre a los que me diste para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, Yo los cuidaba en tu Nombre a los que me diste; los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como Tú me enviaste al mundo, Yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad».
Palabra del Señor.
“Jesús nos consagra en la verdad y nos envía al mundo con su amor.”
En este Evangelio, Jesús continúa su oración al Padre antes de entregarse por amor en la cruz. Sus palabras revelan un corazón lleno de amor y preocupación por sus discípulos. Él sabe que permanecerán en el mundo, enfrentando dificultades, incomprensiones y tentaciones, por eso pide al Padre que los cuide y los mantenga unidos.
Jesús no pide que sus discípulos sean apartados del mundo, sino que sean protegidos del mal. Esto también vale para nosotros hoy. Como cristianos, vivimos en medio de un mundo muchas veces marcado por el egoísmo, la violencia y la indiferencia, pero estamos llamados a ser luz, esperanza y testimonio del amor de Dios.
El Señor también dice: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad”. La Palabra de Dios tiene fuerza para transformar nuestra vida, para guiarnos y ayudarnos a caminar en el bien. Cuando escuchamos a Jesús y vivimos su Evangelio, nuestro corazón se renueva y aprendemos a amar como Él amó.
Finalmente, Jesús se ofrece por nosotros. Su entrega en la cruz es la mayor prueba de amor. Él da su vida para que podamos vivir en la verdad, en la unidad y en la presencia de Dios.
Hoy Jesús sigue rezando por nosotros. Nos invita a permanecer firmes en la fe, viviendo en el mundo, pero con el corazón puesto en Dios.
Oración:
Señor Jesús, protégeme del mal y ayúdame a vivir según tu verdad. Que tu Palabra ilumine mi vida y me haga testigo de tu amor en el mundo. Amén.

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