Orando con la Palabra / Lunes 9 de febrero

 




Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     6, 53-56


    Después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí.
    Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que Él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanados.

Palabra del Señor.



El toque de la fe: Una sanación que desborda

1. El reconocimiento inmediato

El texto dice que, apenas bajaron de la barca, "la gente lo reconoció". No necesitaron presentaciones ni milagros previos en ese momento; Su sola presencia ya comunicaba esperanza.

  • La reflexión: ¿Reconocemos nosotros a Jesús con esa misma rapidez en nuestra vida? A veces Él pasa a nuestro lado en el rostro de un enfermo, en una palabra de un amigo o en el silencio de la tarde, y tardamos demasiado en identificarlo. Reconocerlo es el primer paso para ser sanados.

2. Una fe que se moviliza

La gente no se queda esperando a que Jesús pase por su puerta; ellos "recorrían toda la región" cargando a los enfermos en camillas. Es una fe activa, esforzada y comunitaria.

  • El mensaje: Hay personas que no pueden llegar a Jesús por sus propios medios (los "paralizados" por la tristeza, el vicio o la duda). Nuestra misión, como la de aquella gente, es cargarlos y acercarlos a donde está el Señor. La fe madura es la que se pone en movimiento por el bienestar del otro.

3. El fleco del manto: El poder de lo sencillo

La gente solo pedía tocar "el fleco de su manto". No buscaban grandes discursos ni rituales complejos; confiaban en que el contacto más mínimo con lo sagrado era suficiente.

  • El desafío: A veces complicamos nuestra vida espiritual con demasiadas palabras. Este Evangelio nos invita a la sencillez: basta un suspiro, un pensamiento o un pequeño gesto de confianza para que la fuerza de Jesús actúe en nosotros. "Y cuantos lo tocaban quedaban sanos".

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