V Domingo del tiempo ordinario Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

 



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5, 13-16


    Jesús dijo a sus discípulos:
    Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
    Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.


 Sal y Luz: Una vocación de utilidad

1. La Sal de la Tierra: Preservar y dar sabor

En tiempos de Jesús, la sal era preciosa. Servía para conservar los alimentos (evitar que se pudrieran) y para dar sabor.

  • La reflexión: Como cristianos, estamos llamados a evitar que el mundo "se pudra" en la desesperanza, el odio o la corrupción. Pero también a darle sabor a la vida. Un cristiano amargado es como "sal que ha perdido su sabor". Nuestra fe debe hacer que la vida de los demás sea más apetecible, más alegre y más humana.

  • La clave: La sal solo funciona cuando se mezcla y se disuelve. No sirve de nada si se queda guardada en el salero (la Iglesia o nuestra zona de confort).

2. La Luz del Mundo: Brillar para guiar

Jesús nos dice que una ciudad en lo alto de un monte no se puede ocultar. La luz tiene una función clara: vencer a la oscuridad y permitir que otros vean el camino.

  • El mensaje: No estamos llamados a brillar para que nos admiren a nosotros, sino para que otros no tropiecen. Poner la luz bajo un cajón es absurdo; así mismo, una fe que no se traduce en obras es una lámpara apagada que solo ocupa espacio.

3. El objetivo final: La gloria del Padre

El pasaje termina con una advertencia importante: "Para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre".

  • El desafío: Si hacemos el bien para que nos aplaudan, la luz se queda en nosotros y se apaga pronto. Si hacemos el bien para que otros descubran el amor de Dios, nuestra luz se vuelve eterna.

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